HÉCTOR J. PORTO | Es uno de los músicos más respetados en el universo de la recreación de la música barroca.

El clavecinista y organista Ton Koopman (Zwolle, Países Bajos, 1944) está estos días en Galicia para dirigir a la Orquesta Sinfónica y a su coro en la interpretación de La pasión según san Juan de Johann Sebastian Bach.

Lo hará en dos sesiones, esta tarde y mañana, a las 20 horas, en el Palacio de la Ópera de A Coruña.-Bach, siempre Bach.

koopman estudió musicología, órgano y clavecín en Ámsterdam y en ambos instrumentos alcanzó el premio de excelencia interpretativa del Conservatorio.

Antes de terminar la carrera formó los grupos «Música de Cámara» y «Música Antiqua», con los que sentó las bases de una destacada carrera como director especialista en el repertorio de los siglos XVII y XVIII.

Es una obsesión en su trayectoria. ¿Qué tiene Bach que no tengan otros?

-Ninguno como Bach.

Es el más grande.

Es un genio a la altura de figuras como Da Vinci o Miguel Ángel.

Después están otros compositores importantes como Monteverdi, Buxtehude, Mozart…

Pero ninguno como Bach [ríe].

-Mete usted en el medio a Buxtehude, un gran autor pero habitualmente considerado menor aunque quizá fue fuente de inspiración importante para Bach.

-Buxtehude es un gran compositor, pero tuvo muy mala suerte. En Alemania, Bach, Händel y Schütz conforman la gran tríada, y después están los demás.

Pero entre esos compositores llamados menores los hay excelentes, y yo pienso que Buxtehude es uno de los más grandes.

-¿Y aceptaría usted colocar a Schütz a la altura de Bach?

-Bien, Schütz es un gran compositor.

Pero Bach es único. Los musicólogos alemanes lo colocan en el podio con Bach y Händel, y después viene todo lo demás.

Pero, aunque muchos no lo crean, yo sí pienso que Dietrich Buxtehude está entre los más grandes.

Es por ello que decidí en su momento grabar toda la obra de Buxtehude; sentí que debía hacerlo.

-¿Desde dónde es más fácil acceder a Bach?, ¿desde la estructura, la matemática, digamos, o desde la devoción religiosa?

-Yo creo que la audiencia, si es la primera vez que escuchan Bach, debe dejarse llevar por las melodías, por la belleza de sus arias.

Tú vas a un concierto a emocionarte, a estar feliz, a estar triste…

Pero es verdad que si se profundiza en su música, la emoción puede llegar por la estructura, por la composición, por la admiración de sus construcciones matemáticas.

Lo primero que uno piensa cuando escucha La pasión según san Mateo es «Ooooh, qué bello», y esa obra puede conducirte a las lágrimas.

Cuando el conocimiento se amplía, su técnica también puede fascinar.

Bach tiene las dos cosas, poesía y matemática, emoción y estructura, y a un nivel increíble, por eso es tan bueno.

A mí me parece que si uno se deja llevar por la belleza y la plenitud de su música puede provocarte incluso un ataque al corazón.

-¿Se atrevería a afirmar que Bach es divertido?

-Bach tiene todos los elementos que necesitas.

Si estás triste buscas que la música te lleve a la alegría; si estás alegre, pides una música de una cierta tristeza.

Bach es capaz de hacer cualquier cosa.

Logra hacerte feliz, y te dices: «¡Qué bien lo estoy pasando!».

Puedes imaginarte su música en la boda de un hijo.

Incluso cómo te lleva hasta el baile.

Sus conciertos para orquesta, la Cantata BWV 202, sus suites para chelo…

-Usted ha dicho que considera a Beethoven vanguardista y que la música del siglo XIX le resulta exótica. ¿Bromeaba sobre su condición de talibán del barroco?

-Hace dos años interpreté, por primera vez en mi vida, la Novena de Beethoven.

Puede creerlo [ríe].

Y entendí que era un músico vanguardista, que era el futuro.

Aunque muchos directores lo juzgan detrás de Brahms, Mahler, Bruckner…

Pero para mí es la vanguardia.

Durante mucho tiempo no me gustó porque lo consideraba demasiado ruidoso, grandilocuente; de hecho, me gusta interpretarlo en un pitch [algo así como tonalidad] más bajo.

Llegué a interpretar la Novena con solo ocho primeros violines e incluso con un pequeño coro de treinta cantores.

Como, por cierto, haría Beethoven en su época.

Despojando la música de ruido innecesario.

-¿Qué es lo que encuentra en el barroco que hace de él un paraíso irrenunciable?

-En el barroco todo es mesurado, las emociones son naturales.

Eso lo entienden muy bien los niños, que aceptan esa música de una forma intuitiva.

El siglo XIX colocó a los músicos en un pedestal, el yo impregna sus obras. Son emociones más privadas, que requieren de una mayor investigación.

«Simplemente, no escucho música contemporánea»

Lo que vino después de Mozart casi ni entra en los objetivos de trabajo de Koopman.

Pero, ¿aceptaría dirigir la obra de Messiaen, por ejemplo?

¿Qué opinión le merece la música contemporánea?-Simplemente, no escucho música contemporánea [ríe].

A Messiaen, por cierto, lo conocí y fue muy agradable.

Incluso pude verlo mientras él improvisaba su música, en una iglesia, y fue una experiencia muy hermosa.

Pero me quedo con el barroco.

-Su carrera está estrechamente vinculada a la Amsterdam Baroque Orchestra, que usted fundó en 1979. ¿Le supone algún problema interpretar a Bach con una orquesta convencional?

-No. Únicamente sucede que los sonidos son distintos, porque los instrumentos son distintos.

Pero si la orquesta en cuestión es una formación abierta, sus músicos son receptivos y están dispuestos a escuchar lo que quieres, lo que buscas, el resultado será perfectamente válido.

Y me consta que la Orquesta Sinfónica de Galicia es una orquesta abierta, porque la conozco.

En realidad, es una orquesta instalada en la excelencia.

-Su padre fue músico de jazz. ¿Cómo encajó su pasión barroca?, ¿se entendieron como músicos?

-No hay problema alguno [ríe].

El jazz es ritmo y libertad.

Y en eso confluye perfectamente con la música barroca.

Es más, tengo una hija que actúa para niños y canta jazz, y yo disfruto mucho y lo paso muy bien con lo que hace.

-¿Dónde logra acercarse más a Bach, sentado ante el clavecín o el órgano, o de pie y con la batuta ante una orquesta?

-No sabría responder [ríe].

Cuando toco el órgano quiero dirigir y cuando dirijo quiero sentarme al órgano [ríe].

Los dos caminos son igualmente válidos.

ENTREVISTA REALIZADA POR HÉCTOR J. PORTO | LA VOZ DE GALICIA

Un comentario en ««La belleza de la música de BACH puede provocarte un ataque al corazón»»
  1. totalmente deacuerdo Bach es el grande..y flota en la galaxia como muestra que la humanidad tiene algo de inteligencia, en el disco de oro de voyager

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *