Sirvan estas líneas como un modesto homenaje a Montserrat Figueras y sean, también, una especie de abrazo solidario para toda su familia y amigos.

El 23 de noviembre de 2011 se apagó la voz de la soprano Montserrat Figueras, víctima de un cáncer.

Justo un año después, el espacio “El documental” recuperaba su figura con “Montserrat Figueras, la voz de la emoción”.

Compañeros de profesión (músicos y cantantes), críticos musicales, amigos personales y el círculo familiar más íntimo de la soprano nos desvelan una personalidad de una enorme sensibilidad, que situaba la música en el centro de su actividad vital para proyectarla hacia la comunicación de los valores de la diversidad cultural, el diálogo y la paz.

Encaminar toda una vida en un único sentido, uniendo lo profesional con lo pasional e incluso personal, es casi garantía de una vida rica y plena.

Esa fue la existencia que quiso Montserrat Figueras (Barcelona 1942), soprano especializada en la recuperación y modernización de la interpretación de la Música Antigua, que desgraciadamente falleció con tan solo 69 años de edad.

Como sería harto prolijo comentar ahora su dilatada y apasionante carrera artística, que puede consultarse en cualquier enciclopedia; más allá de los nombres y de las fechas, o de sus lugares de residencia y otros avatares biográficos, destacar que Montserrat desarrolló un gusto especial por la Música Antigua, destacando como una de las máximas exponentes de una generación de músicos para los que era evidente que la música anterior a 1800 necesitaba un nuevo enfoque técnico y estilístico.

En dicho sentido, puede afirmarse pues que, en puridad, la contribución tanto de Montserrat Figueras como de Jordi Savall a la cultura europea es innegable y admirable en todos los aspectos.

¡Qué referente más grande hemos tenido en Montserrat Figueras, tanto en la belleza de su canto primordial y abismal, como en lo que se refiere al rigor, a la profesionalidad y a la excelencia en su trabajo de recuperación de la música antigua!.

Su decisiva contribución a la recuperación de estos dramas litúrgico-sacros ‘El Canto de la Sibila’ y ‘El Misterio de Elche’, fue imprescindible para que la UNESCO considerara Patrimonio Cultural de la Humanidad, la primera, y Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Su último disco como solista, “Lux feminae” obtuvo el aplauso incondicional de la crítica tanto nacional como internacional.

Y sus últimas grabaciones “La sublime porte” y el libro-disco “Mare nostrum” completaron una larga discografía de más de 100 títulos en los que nos queda el testimonio de su legado artístico.

Poco consuelo estos reconocimientos, después de haberla perdido, pero su voz, esa irradiación casi mágica que desprendía con su trabajo y su saber estar, nos seguirán alumbrando y esperemos que eso también conforten a sus amigos, y en lo posible a su compañero y enamorado de siempre, el Maestro Savall junto a su familia.

LA GRAN MONTSERRAT FIGUERAS

Mujer, artista, madre, esposa, amiga y maestra de extrema belleza y bondad, alma luminosa, sutil y llena de sensibilidad que le dio alegría y esperanza a todos aquellos que tuvieron la infinita suerte de cruzar su camino…

«Tanto si la vida le había dado algunas arrugas que llevaba con orgullo y belleza, como si la enfermedad –que mantuvo en secreto- le había trazado un algo anguloso en las facciones de su bella cara, la catalana continuaría cantando hasta unas semanas antes del punto en el que el cáncer puso fin a su vida.”

Montserrat Figueras se fue prematuramente para convertirse en una hermosa estrella del firmamento, y la vamos a echar mucho de menos.

El alma de Montserrat continuará inspirándonos siempre en todas las músicas que interpretó; y, por medio del trabajo con los ideales de paz y armonía que le fueron tan queridos, seguiremos, junto con todos aquellos que se han saciado con su canto, manteniendo siempre vivo su recuerdo.

CARTA DE JORDI SAVALL

He tenido el gran privilegio de compartir 45 años de vida intensa y fecunda con Montserrat.

Ella fue amiga, compañera, amante, madre, musa, maestra y consejera excepcional en todos los momentos de nuestra existencia.

Más allá de la gran artista que ella fue, todo lo que llevó a cabo en su vida estuvo impregnado de esta luz que nos acariciaba, hecha de amor infinito, de sensibilidad extrema, de generosidad y de esta búsqueda incansable de los diálogos y caminos que nos conducen a la paz y la armonía a través de la emoción, la espiritualidad y la gracia.

Esta gracia, como decía La Fontaine, más bella que la belleza.

Es esta luz la que nos da la fuerza para continuar sin su presencia y que nos ayudará a llenar el gran vacío que ella nos deja, con los proyectos que ella habría deseado realizar.

A ella le gustaba recordarnos que por encima de todo, existe en la persona que canta, el deseo de dar lo mejor de uno mismo, que no es más que un acto de amor, y de este modo el niño empieza a vivir la esencia de la vida.

(Ninna Nanna, 2002). Gracias querida Montserrat por habernos enseñado que no es suficiente escuchar la música con nuestros oídos, sino que debemos escucharla con nuestra alma.

Muchas gracias queridos amigos, por todos vuestros extraordinarios y conmovedores mensajes de apoyo, admiración y amor, que tanto nos han reconfortado en estos momentos de tan gran tristeza y dolor infinito.

Su alma permanecerá en todas las músicas que haremos y, juntos, con todos aquellos que en el mundo han sido conmovidos por su canto, continuaremos luchando con sus queridos ideales de paz y armonía, a mantener siempre viva su memoria.

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