Resulta apasionante para el amante de la música el volver la vista atrás y recuperar instrumentos de otros tiempos que pasaron de moda y que hoy están prácticamente olvidados.

El colascione napolitano es un buen ejemplo de esto.

Se trataba de un instrumento de cuerda que se tocaba en el sur de Italia y que vivió su época de esplendor entre los siglos XVII y XVIII.

La principal característica de este cordófono es su larguísimo cuello -a menudo ha llevado a que se le confunda con la tiorba-, que está unido a una caja de resonancia pequeña en forma de pera.

El musicólogo Franz Janhel habla de entre 160 y 180 cm de mástil, aunque otros autores reducen esas medidas, como John Downing, quien afirma que la longitud de las cuerdas estaba entre 100 y 130 cm.

En cualquier caso, la peculiar forma del colascione ha llevado a que se le denomine “la tiorba napolitana” e incluso a que se le asocie con dicho instrumento barroco, a pesar de la tiorba presentaba dos clavijeros y el colascione solamente uno.

Lo que parece evidente es que pertenece a la extensa familia del laúd y que su origen es oriental, pues sería una versión europea del tanbur de los árabes y los persas.

Según la época y el lugar podía tener dos, tres o cuatro cuerdas.

El arriba citado John Downing encuentra razonable la presencia del colsacione en la Europa del siglo XVII y XVIII.

Aunque el Imperio Otomano era una amenaza real en la época, la alta sociedad europea sentía una gran inclinación hacia el arte y la estética turquesca, llegando a vestir ropa de inspiración turca y a amueblar habitaciones con alfombras y otros objetos procedentes del Mediterráneo oriental.

De hecho, es comúnmente aceptado que este instrumento entró en el continente a través del sur de Italia, aunque con el tiempo su popularidad se extendió a Francia y Alemania.

A pesar de estar emparentado con numerosos cordófonos del Seicento, la familia inmediata del instrumento se reduce a tres miembros:

  • El colascione bajo, el de mástil de mayor longitud.
  • El mezzocolascione o colascione tenor, cuyo tamaño estaba en torno al metro de largo.
  • El colasciontino o colascione alto, de una longitud de unos 60 cm.

En general se asocia el colascione con el acompañamiento a la danza, la música de Carnaval y con la Comedia del Arte italiana (La Comedia dell´ Arte).

El hecho de que haya sobrevivido hasta nosotros muy poca música escrita para este instrumento parece apoyar que estaba especialmente dedicado a géneros de carácter popular basados mayormente en la improvisación. Las caricaturas de la época realizadas por Jaques Callot muestran a menudo a actores portando en sus número laúdes de cuello extremadamente alargado.

Uno de los grandes intérpretes de colascione fue Domenico Bresciani, de cuya vida se sabe muy poco, pero que ha sobrevivido hasta nuestra era gracias a la caricatura que realizó de él  Pier Leone Ghezzi, en la que aparece con su hermano y ambos tocan el instrumento.

Parece ser que en 1765, ambos actuaron para Federico el Grande, rey de Prusia, en el Palacio de Sanssouci.

El colascione dejó de utilizarse por los grupos de músicos hacia 1770 y ya en el siglo XIX estaba considerado como algo decididamente obsoleto.

Por desgracia, no han sobrevivido demasiados ejemplares de la época de este instrumento.

Como curiosidad el violagambista Fahmi Alqhai toca un colascione en el disco del teclista Javier Núñez, À modo italiano, tema que reproducimos a continuación.

 


[1] Franz Janhel. Manual of Guitar Technology: The History and Technology of Plucked String Instruments. 1981

[2] John Downing. In Search of the Colascione or Neapolitan Tiorba. – a Missing Link?

 

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