Hoy celebramos con alegría (porque tiene que ser con alegría, porque tenemos que tener alegría a pesar de la circunstancias) que la muerte no ha vencido sobre Cristo y este vive, igual que no vencerá sobre nosotros.

Los sentimientos estos días discurren de forma encontradiza entre la nostalgia, la indignación y el deseo de que esta especie de pesadilla jamás soñada termine cuanto antes.

Para lo católicos son fechas cruciales por todo cuanto estas semanas representan.

Son tiempos de introspección, de pensarse, de pensar y de darse a los demás.

Pero no es posible más allá de nuestro entorno absolutamente cercano.

Son muchos quienes estos días querrían estar presenciando la Semana Santa en las calles, disfrutando del buen tiempo que curiosamente nos está acompañando, con ese olor tan característico mezcla de azahar e incienso, depende claro está de la ciudad en la que nos movamos.

Pero no es posible.

Lo habitual en estas fechas, por lo que a la música respecta, es hablar de la obra cumbre de la historia de la música: La Pasión Según San Mateo del archiconocido Johann Sebastian Bach.

Quizá también, aunque menos conocida, La Pasión Según San Juan del mismo autor.

En ambas, aunque cada una a su manera y desde su prisma, se cuenta la historia del prendimiento, pasión y muerte de Jesús de Nazaret, constituyendo a todas luces una de las historias narrativas más llamativas y citadas a lo largo y ancho de nuestra cultura occidental.

Estamos en fechas que invitan al recogimiento, a la contemplación y a la admiración de la belleza artística vinculada a la rememoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, en una perfecta síntesis entre arte, cultura y devoción que con más o menos intensidad se festeja en toda España.

La palabra fiesta viene del latín y nos comunica una acción, algo a impulsar, manifestar, festejar, alegres o tristes, en público o en privado, pero siempre acompañados por aquellos que comparten unos sentimientos, sean personales, históricos, sociales o religiosos.

Para unos, la noticia de la resurrección de Cristo significa esperanza; para otros, esta semana que hoy termina significa unos días de descanso bien merecidos.

Para todos, nada hay más indicado para estas fechas o cualquier otra que recuperar la calma y la armonía al son de la música antigua.

STABAT MATER – PERGOLESI

Es una de las representaciones iconográficas más significativas de la historia del arte y reproduce la escena en la que Jesús, viendo a su Madre y junto a Ella a San Juan a quien amaba, dice a su Madre, Mujer he ahí a tu hijo, luego dice al discípulo, He ahí a tu Madre, hecho que, según el Evangelio de San Juan ocurre .

Invariablemente, la Virgen se representa de pie a la derecha del Cristo crucificado y San Juan a la izquierda.

De igual forma, el Stabat Mater es una composición literaria del siglo XIII que se incluye como himno en el Aleluya gregoriano.

Comenzando con la frase Stabat Mater dolorosa, es una secuencia que hace meditar sobre el sufrimiento de María durante la crucifixión de Jesús.

Pero su importancia en el mundo de la música no se queda ahí, en su origen, siendo una de las obras a las que más se le ha puesto música en diferentes épocas y estilos, destacando entre ellas los de Pergolesi y Rossini.

Apellidado Pergolesi (1710-1736) porque su familia era originaria de Pérgola (Italia), a Giovanni Battista, como a tantos otros autores, no se les reconoció su éxito en vida quizás porque, como tantos otros, murió muy joven; sin embargo, tras su muerte, su música se hizo muy popular, hasta tal extremo que los editores le han acabado atribuyendo muchas obras que no son suyas.

No es el caso del Stabat Mater que compuso en 1736, su mejor obra para coro y orquesta entre la gran cantidad de música, tanto profana como religiosa, que compuso.

La Pasión según San Mateo. J.S. Bach.

Los textos litúrgicos de La Pasión comenzaron a cantarse, en latín, durante la Edad Media, época en la que tres clérigos con tesituras vocales diferentes representaban a los distintos protagonistas del drama pasional, uno a Jesucristo, otro al evangelista y otro que representaba al resto, sea Simón Pedro, Pilatos, Anas o el propio Judas.

La adicción en el siglo XIV de un coro que representaba al pueblo dio lugar a la pasión renacentista en forma de motete, a la que se le añadían corales y pasaba a cantarse en el idioma vernáculo allí donde prosperaba la Reforma protestante.

En oposición, la Contrarreforma católica comenzó a utilizar el Oratorio como instrumento para combatir el culto protestante, limitando la música litúrgica al uso del órgano y del canto, siempre que este no fuera usado de forma vana y exhuberante y que su texto se cantase en latín.

Sin embargo, hubo movimientos musicales como el de la Congregación de San Felipe Neri siguieron cantando en italiano y, además, los protestantes pronto lo asimilaron, comenzando a dar forma a la pasión en forma de oratorio, género que llegaría a su cima con Johann Sebastian Bach, del que Nietzsche llegó a decir que, si alguien llegara a olvidar el cristianismo, podría reencontrarlo en la Pasión según San Mateo de Bach.

Cuando Bach comenzó a trabajar como cantor de Santo Tomás de Leipzig (1723-1750), el contrato le exigía una cantata para cada domingo del año, unas cincuenta anuales.

Sin embargo, la iglesia luterana prohibía interpretar música durante la Cuaresma, motivo por el que dispuso de mucho tiempo para componer obras más grandes y complejas para el Viernes Santo, como las dos pasiones completas que se han conservado de las cinco que compuso, La Pasión según San Juan y La Pasión según San Mateo, estrenada en la iglesia de Santo Tomás de Leipzig, el Viernes Santo de 1727.

Sólo cinco.

Pocas teniendo en cuenta que Telemann compuso cuarenta y cuatro.

Se d’un Dio fui fatta Madre, Il pianto di Maria. – G.B.Ferrandini

Con un doloroso Perdóname, Eterno Padre, pero Tu gracia es un gran martirio comienza la cavatina Se d’un Dio fui fatta Madre de la obra Il pianto di Maria también llamada Giunta l’ora fatal (1739).

Il pianto es una obra destinada al culto de la Virgen María en el Santo Sepulcro, momento en el que la Virgen, rota por el dolor, acepta la muerte del Hijo, con un lamento amargo, desesperado, ilimitado, como mujer y madre, alejada de su divinidad, humana.

¿Y quién es el autor que nos trasmite tanta soledad?

Il pianto di Maria ha sido durante mucho tiempo la HWV234 del catálogo de Handel, pero desde hace 20 años se atribuye a Giovanni Battista Ferrandini (1710-1791), uno de tantos niños prodigio nacidos en la Europa barroca.

Muy joven entro al servicio de Fernando María de Wittelsbach, duque de Baviera y uno de los principales Electores del Sacro Imperio Romano Germánico, al que sirvió hasta una edad muy avanzada hasta que se retiró a Padua, donde llegó a visitarlo para pedirle consejo el mismísimo Mozart.

Por su duración, unos escasos 25 minutos, hay pocas grabaciones de Il pianto.

Domine Deus, Rex caelestis. – Antonio Vivaldi

Il prete rosso escribió 770 obras, de las que más de 500 son conciertos, 70 sonatas, 45 óperas además de música religiosa como oratorios, misas y motetes, lo que lo convirtió en el compositor y violinista italiano más influyente de su época.

El repertorio coral de Antonio Vivaldi (1678-1741) fue descubierto en el siglo XX, cuando entre los años 1926 y 1930 salieron a la luz los que se conocen como Manuscritos de Turín que contenían más de trescientas obras del autor.

Uno de los primeros en acceder a las obras religiosas para coro de Vivaldi fue Alfredo Casella, al que también se le atribuye el estreno del Gloria RV 589 en el Festival Vivaldi de Sienna de 1939, tras más de doscientos años de silencio desde que fuera escrito.

Sin embargo, actualmente ha pasado a llamarse El Gloria de Vivaldi por su excepcional popularidad.

Vivaldi no concibe el Gloria como una parte de la misa en latín sino como un trabajo independiente en doce movimientos en los que el autor utilizó las voces femeninas en las partes solistas y en las corales.

Una excepcional para la música religiosa católica romana, pero debemos recordar que Vivaldi dirigió muchos años el Ospedale de la Pietá de Venecia, donde las niñas huérfanas gozaba de gran fama gracias a sus magníficas interpretaciones.

El sexto de los doce movimientos es el Domine Deus, Rex caelestis, con el que Vivaldi da un giro a la obra con un contundente cambio de tempo –Largo- respecto a los cinco precedentes, que lo convierte en el centro de la obra.

Se trata de un bellísimo aria para soprano solista, pero que en realidad funciona como un dueto entre el solo del oboe al que le responde una muy expresiva solista.

Domine Fili unigenite Iusu Christe
Deus Pater
Laudamus Te, benedicimus Te
adoramus Te, glorificamus Te,
Gloria in excelsis Deo
et in terra pax hominibus, bonae voluntatis
Domine Fili unigenite Iusu Christe.

Aleluya, El Mesias. – George Frideric Handel

Hacia 1740 las óperas italianas compuestas por Handel, de las que había vivido durante mucho tiempo, ya no tenían la misma acogida entre el público, y su situación financiera comenzó a deteriorarse. Es entonces cuando decide ir abandonando las óperas para dedicarse a un género muy del gusto inglés, los oratorios.

George Frideric Handel había estudiado en Italia y tenía un estilo musical brillante y muy teatral, carácter que no sólo aplicó a sus óperas sino incluso a sus oratorios. En 1742, fue invitado a Dublín para dar una serie de conciertos sobre sus oratorios Saúl e Israel en Egipto, de marcada influencia italiana.

Para prepararlos, en el verano del año anterior se dispuso a componer un nuevo oratorio que, con carácter benéfico y especial, cerrase el ciclo.

Cuando El Mesias se estrenó en Dublín, todos los comentarios fueron elogiosos.

Sin embargo, su estreno en el Covent Garden londinense al año siguiente no corrió con la misma suerte.

La severa y rígida mentalidad protestante consideró poco apropiado que una obra de carácter religioso se representara en un teatro y escasamente respetuoso que utilizara voces como las de las cantantes de ópera Catherine Clive y Susana Ciber.

A pesar de que la música de El Mesías rompía con la tradición italiana para arraigarse en las antiguas pasiones y cantatas luteranas alemanas.

Dividido en tres partes, El Mesias narra el nacimiento, pasión y muerte de Jesucristo.

No es necesario apuntar que el libreto, tomado de la versión de la Biblia de 1539, tiene una clara inspiración religiosa.

Pero el oratorio no es una obra de uso litúrgico y es lo suficientemente teatral como para ser representada mejor en un teatro que en una iglesia.

Sin embargo, a Handel el estreno londinense le había costado la amistad –jamás recuperada- con su libretista Charles Jennens, por lo que, después de una revisión de la obra en 1749, se volvió a presentar al público.

Eso sí, en una capilla y en Semana Santa.

A partir de ese momento ha sido la obra más ejecutada del autor hasta nuestros días.

Fuentes:
Fermín Guisado | Loff.it
Pepe Gallardo | Aeterna Christi Munera

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