Son muchos los adjetivos que podrían describir la actuación en la tarde del lunes de Jordi Savall, una de las personalidades más reconocidas y admiradas de la música antigua a nivel mundial. Fue una noche memorable, tanto como para los más versados como para los más profanos.

Desde que se apagaron las luces del Auditorio Odón Alonso, el ambiente fue mágico y etéreo, tangible el espacio sonoro, y con esa sensación de atemporalidad que sólo los más grandes saben crear, de un gran respeto, incluso veneración dadas las circunstancias y la figura que se encontraba sobre el escenario; ésa que tanto ha hecho por la recuperación y valoración de la música considerada antigua.

Además de un increíble recital fue una verdadera clase magistral sobre la viola da gamba y sobre la música interpretada, con una proximidad, calidez y cordialidad inusuales en las grandes personalidades.

Savall se encargó de explicar las diferentes partes de su concierto, al igual que cuestiones técnicas sobre el propio instrumento, como los diversos tipos de afinación, el pizzicato, o pellizcar las cuerdas con los dedos a modo del laúd o la guitarra, el col legno, que consiste en deslizar la parte de madera del arco sobre las cuerdas y no las crines, como es la manera más habitual, o col legno battuto, es decir, dejar que la madera del arco rebote sobre las cuerdas.

Del mismo modo se pudieron escuchar diversos tipos de efectos que algunos de los compositores escribieron en estas partituras imitando a otros instrumentos, como la gaita, con el empleo de bordones, o con una interpretación sul tasto, sobre el mástil de la viola, o sul ponticello, cercana al puente, según estas piezas.

El repertorio estaba dividido principalmente en dos partes, la primera con música del barroco alemán y francés, entre las que se encontraban obras de Bach o Marin Marais, y la otra con música del siglo XVI de autores ingleses como Tobias Hume y John Playford.

Un emocionado público en pie despidió a este Gran Maestro, que tras verse obligado a salir a saludar en dos ocasiones, interpretó un bis de una Suite de danzas de la tradición céltica, The Abergeldie Castle Set y, posteriormente, las variaciones sobre una canción de cuna anónima de la Bretaña francesa.

Una noche inolvidable en la historia del Festival, incluso para la propia Soria, y de la cual algunos quizá nunca olvidarán estas Voces Humanas de Jordi Savall, una experiencia sublime para los sentidos.

Ojalá pronto podamos volver a disfrutar de su música.

Escrito por Soledad Atienza | DesdeSoria.es

Un comentario en «Jordi Savall: Humano, demasiado humano»

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