Antes que nada, ¡feliz Navidad! Espero que este día sea tranquilo para ti y que lo disfrutes en compañía de tu familia y en el que derroches amor y alegría.

Sobre la alegría, y ciertamente bien alegre, es la obra de hoy, del maestro entre los maestros.

Seguro que ya sabes de quién hablo… si no, solo tienes que seguir leyendo y dejarte llevar por esta maravilla de maravillas.

Evidentemente te voy a poner música de Johann Sebastian Bach (1685-1750), maestro alemán nacido en Eisenach.

Bach siempre tuvo muchas ocupaciones, pero quizá la que llenó más su vida fue la relacionada con el órgano.

En su obituario se dice que viajó una y otra vez a Hamburgo para escuchar, en su puesto en los teclados de la Catharinenkirche, a Johann Adam Reincken; Bach mismo tuvo la oportunidad de tocar el órgano de la iglesia.

En el mismo obituario se dice que es un organista famoso en todo el mundo y muchos acudía a escuchar cómo tocaba (como el famoso Louis Marchand).

Sus conciertos eran anunciados en la prensa y sus preludios corales (que ya en su época eran tildados como de difíciles) tenían fama, como mínimo, por toda Europa.

Bach era la referencia y sinónimo de sofisticación tecnológica que solo estaba al alcance de unos pocos en su tiempo.

Sus obras para órgano no solo eran vistas como defensoras del más tradicional arte alemán sino que eran alabadas por toda Europa por su calidad.

Precisamente, hoy te traigo una obra para este instrumento.

Una de las colecciones más celebradas del maestro es su «Orgelbüchlein» o «Librito para órgano», que es una colección de 46 corales.

Con esa colección, en principio pensada más amplia, Bach pretendía que el organista novicio se ejercitase en la técnica del coral alemán, presentado en múltiples facetas, y también en la del pedal, que es siempre obligado.

De esa colección te presento, de entre los corales dedicado a la Navidad, su Der Tag, der ist so freudenreich BWV 605, que podría traducirse por «El día tan lleno de alegría».

La alegría de la navidad está presente en toda la pieza, con ese jovial acompañamiento con que Bach rodea el cantus firmus.

Este es de origen desconocido pero parece ser que se publicó por primera vez en 1529.

En la interpretación de hoy, el organista usa en su maravilloso instrumento, una «zimbelstern», que es una estrella que gira y a la vez produce ese tintineante sonido de las campanitas.

La obra la escucharemos en manos y los pies de Hans-Andre Stamm que toca el increíble instrumento que Tobias Heinrich Gottfried Trost construyese para la Stadtkirche en la localidad alemana de Waltershausen.

¡FELIZ NAVIDAD!

Escrito por Pepe Gallardo para Aeterna Christi Munera

Por Pepe Gallardo

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