La OBC se ha puesto esta semana en manos del maestro japonés Masaaki Suzuki, director, organista y clavecinista conocido no sólo por haber contagiado su pasión por la música antigua en su ‘lejano’ país, donde en 1990 fundó el Bach Collegium Japan, sino por haber convencido hasta la mismísima audiencia alemana de la calidad de sus grabaciones con criterios historicistas.

¿Bach con kimono?, se preguntaban algunos.

Nacido en 1954 de padres cristianos, ambos músicos amateurs, Suzuki comenzó tocando el órgano en la iglesia y tomó lecciones de un alumno directo de Gustav Leonhardt, uno de los padres del historicismo musical.

Su maestro Motoko Nabeshima le introdujo luego en las aulas de Ton Koompan, en Amsterdam, pero acabados sus estudios regresó de inmediato a su país.

«Nunca soñé con grabar la integral de las cantatas de Bach ni con hacer giras por Europa, es mi compositor favorito y quise llevarlo hasta mi público en Japón.

Mis colegas y yo dimos lo mejor de nosotros y al final hemos tenido una respuesta muy positiva fuera», señala.

-Su aportación en Bach es intensa, pero también aborda Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Mahler… y de hecho su programa con la OBC combina la ‘Sinfonía núm. 40’ de Mozart y el ballet ‘Pulcinella’ de Stravinsky. ¿Por qué esa combinación?

-Porque Stravinsky, que es uno de los compositores más interesantes y honestos, pues siempre escribió en consonancia con sus sentimientos y de hecho hace una crónica de su propia vida y de su exilio, le debe mucho a la música barroca.

‘Pulcinella’ está basada de hecho en una música del siglo XVIII que entonces se atribuía a Pergolesi, y en este ballet compuso algo muy nuevo pero sobre música antigua, como un cubismo musical en el que encontramos que la dominante y la tónica llegan al mismo tiempo, algo muy picassiano que no observo como una apuesta modernista sino como una visión de la música antigua.

-De modo que toca el barroco de Mozart y luego vuelve al mismo periodo a partir de la mirada de Stravinsky.

-Eso es. Hay que haber explorado adecuadamente la antigua para poder disfrutar de lo que hizo Stravinsky.

Por otra parte, lo que escribió Mozart en la Sinfonía núm.

40 es algo muy directo que todavía conecta con nuestro tiempo, de una simplicidad magnífica, y con ese tono menor.

En el último movimiento el escritor japonés Kowashi quiso ver a un niño corriendo que lloriquea, como si su madre le estuviera persiguiendo y regañando. Hay algo muy infantil en esa partitura, muy simple pero también inocente.

Es encantadora. Y Stravinsky ha reaccionado también con inocencia a la música barroca.

Me encanta esta simplicidad.

-Hable de su infancia en Japón. Curiosamente sus padres pertenecían a ese 1% de cristianos que hay en su país.

-Somos una minoría, sí, pero aún así las costumbres cristianas han influido a todo el mundo, no hay nadie que no conozca la cristiandad, cada pequeña aldea tiene su iglesia y muchos se apuntan a celebrar las navidades.

Y luego disfrutamos de su música y su pintura, porque hay una tradición vinculada a la cristiandad en Japón.

Por mucho que se trate de un país secular, de gente sin religión, la cultura de la cristiandad es muy bien acogida.

-Pero, ¿cuán difícil es encontrar intérpretes en Japón que conozcan los textos sagrados de las pasiones de Bach?

-Bueno, en mi ensemble hay algunos cristianos pero la mayoría no lo son.

Y aun así están muy interesados en los textos, siempre me piden que les explique de qué van, lo que me parece una magnífica oportunidad para hablar del tema.

Incluso la música dice mucho… por ejemplo, si hay un pizzicato, hay que saber que corresponde a las campanas del final de una vida o de un funeral.

Cada año tocamos las pasiones de Bach, de manera que mis colegas han acabado conociendo bien sus textos bíblicos.

-¿No hay que sentir la culpa cristiana para tocar Bach?

-Ah, el pecado, sí. Si le soy sincero, creo que necesitas fe cristiana para tocar Bach de una manera profunda.

Sin fe es difícil entender lo que dice su música, pero para el público -y en Japón la mayoría no es cristiano- sí es posible entenderle.

Mis aforos son de 1.500 personas y cada ‘Pasión’ que hacemos es un ‘sold out’.

Aunque la cifra oficial de cristianos en mi país es del 1%, parece que hay mucha más gente que tiende a querer conocer el verdadero sentido de la vida y que buscan en la biblia, porque muchos están en la fe sin estar en la Iglesia. y yo les hablo de las cantatas y de la biblia.

Pero la política en Japón es que ninguna religión puede prevalecer sobre otra, que tiene que hablarse de ellas en la escuela de manera equitativa: si se quiere hablar del cristianismo hay que hacerlo también del budismo y del Islam, etc.

Yo no creo que pueda haber gente sin religión, pero el posicionamiento oficial está siempre presente.

Ahora el gobierno tiene tendencia a ser totalmente secular y al mismo tiempo alimentar el militarismo, lo que me parece muy peligroso. Pretenden que la religión no debe ser parcial, pero no existe una vida imparcial.

Y es importante tener ese tipo de discusión en Japón en la actualidad, pues desde que acabó la guerra, este es un país que no admite sus pecados. No tiene manera de arrepentirse.

Y eso es algo que ofrece el cristianismo, poder decir, como Pedro, ‘estaba equivocado’.

Si tuviéramos la capacidad de arrepentirnos podríamos mejorar nuestra relación con China y Corea, porque de momento los problemas con esos países no se discuten.

-¿Una cuestión de orgullo?

-Es que orgullo y arrepentimiento pueden ir juntos.

Hay la creencia de que si te arrepientes pierdes tu dignidad, y eso no es cierto. Los nazis pudieron expresarse abiertamente y admitir su culpabilidad.

-¿Se siente más cómo tocando en Japón?

-No, en Europa la gente conoce mejor la música y sobre todo aprecia más la sacra.

En Japón necesitas aún dar explicaciones antes del concierto, lo que me alegro de poder hacer, pero en Europa puedes ir más allá, puedes esperar que el público entienda cada pequeño detalle.

-¿Por qué cree que la OBC le ha reclamado?

-Es una buena pregunta. Ya estuve muchas veces en Barcelona con mi ensemble. Siempre me alegra volver a España, el público tiene gran capacidad de concentración.

Y bueno… tiene repertorios de polifonías hiper complicadas. La música española te toca en lo más hondo.

Entrevista realizada por MARICEL CHAVARRÍA | LaVanguardia.com

21 comentarios en ««Se necesita fe cristiana para tocar Bach de verdad»»
  1. No estoy de acuerdo con esa afirmación de Masaaki. Bach componía por encargo casi toda su vida. Y si los patronos eran curas cristianos protestantes, que era lo habitual, estaba obligado a componer obras que ensalzaran esas creencias. Pocas veces tuvo ocasión de componer obras no sacras, pero cuando la tuvo, ¡vaya música que hizo!: toda su música de cámara. No hace falta citar títulos. Este japonés sabe de esto mucho más que yo y sabe también que está diciendo una ‘pia fraus’, pero es su misión alagar a los que lo han contratado, y los patronos barceloneses no se diferencian mucho de los de Leipzig en los últimos lustros de la vida de J.S. Bach.

  2. Wanda Landowska, Glenn Gould, Ralph Kirkpatrick, y tantos otros abrazaron la universalidad de Bach más allá de encasillarlo en una fe religiosa. Bach es un paradigma de la estética musical ; un consuelo ecuménico.

  3. Muy interesante la entrevista. El Sr. Suzuki cuando habla de la fe es evidente que se está refiriendo a la música sacra, no pareciendo tan gran tontería lo que dice.
    Por supuesto que un cristiano cultural no creyente –como somos la mayoría de los europeos- entiende perfectamente bien el Requiem de Mozart o las Pasiones de Bach, pero estas y otras obras sacras son auténtica y explícita expresión de la fe de sus autores (aunque se compusieran respondiendo a un encargo o a una obligación profesional), y evidentemente es otra persona con fe quien más fácilmente puede entender y conectar con ese aspecto.

  4. Sólo para recordar que el arte es inclusivo, no exclusivo como lo que expone este señor.
    Creo que la música rebasa creencias y razas, es universal, única y es para disfrutar. Además de que si se hace un montaje como una pasión o cuáquera de las músicas sacras, debe haber una investigación previa para involucrarse con una obra musical, siendo de la fe que sea o incluso sino es ateo.
    Aunque bueno es válida su forma de pensar de este músico, pero no es determinante pues no necesariamente hay que ser creyente para hacer una obra de gran envergadura con alto nivel de interpretación, eso ya lo veo como fanatismo.

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